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saturnismo

En Almería en general y en el área de la Sierra de Gádor en particular -Berja, Dalías, Benínar, Turón, etcétera- la riqueza de mineral de plomo ha sido conocida y explotada desde siglos. Actualmente quedan multitud de minas abandonadas y posiblemente muchos depósitos ocultos que nunca fueron descubiertos para su beneficio minero. Queda la siguiente duda ¿Es posible que este plomo pueda afectar a la salud de las personas que habitan en esta zona?

Ya en este blog hemos escrito artículos relacionados con los problemas toxicológicos del plomo. Éstos pueden ser agudos, por una intoxicación masiva accidental o pueden ser crónicos, por una ingesta leve pero continuada.

Hay un hecho innegable. Actualmente no es habitual encontrar enfermos de saturnismo o plumbosis, lo cual tranquiliza. Pero siempre queda la duda, o al menos a mi me queda. Pero vamos a analizar la cuestión en sus aspectos principales para llegar, si es posible, a una conclusión tranquilizadora.
Toxicología del plomo

El plomo es un metal pesado que cuando se ingiere no se elimina fácilmente por la orina y tiene por tanto un efecto acumulativo. Esto justifica la peligrosidad de exposiciones leves pero continuadas: pasados muchos años, manifiesta sus efectos nocivos una vez que alcanza un nivel umbral mínimo.

El plomo tiene afinidad por las biomoléculas que constituyen nuestro organismo, pero especialmente aquellas que contienen átomos de nitrógeno en varias formas, azufre en forma de sulfuro, y también fósforo. El nitrógeno se encuentra especialmente en las proteínas, junto con azufre en muchos casos, y el fósforo, entre otras, en las sustancias que regulan las transformaciones energéticas del cuerpo y en el sistema nervioso. También en los huesos.

El plomo penetra en el organismo fundamentalmente por dos vías, la respiratoria y la digestiva. El plomo sigue un modelo absorción tricompartimental: el sanguíneo (el 2 % del contenido total, con una vida media de unas 5 semanas), el de los tejidos blandos (el 8%, con una vida media de unas 6-8 semanas) y el óseo (representa el 90% del contenido total y con una vida media que oscila entre los 10 y 28 años).

Este último dato nos informa de la gran persistencia del plomo en el cuerpo. El fosfato de los huesos reacciona con el plomo para dar fosfato de plomo extremadamente insoluble. El sulfuro de plomo, que también se forma, es también muy insoluble, por lo que no puede ser arrastrado por el torrente sanguíneo y ser llevado a los riñones para su eliminación.

Más información sobre estos extremos se puede ver pinchando aquí.

El plomo en el agua.

Excluyendo los profesionales del sector metalúrgico del plomo, éste puede entrar en el organismo por distintas vías relacionadas con algunos alimentos como ciertos vinos y licores, plantas medicinales o alimentos procedentes de la caza (con restos de plomos en su carne). Estas vias no son exclusivas de una región minera como la de Almería.

Pero hay otra vía de entrada que es la que me preocupa: el agua de riego y el agua potable.

El agua natural siempre tiene disueltos minerales y la cantidad de estos depende de por dónde haya pasado ese agua: Contendrá más o menos cal, bicarbonatos o sulfatos, según el terreno y el tiempo de contacto que se haya producido. La legislación europea indica qué sustancias y en qué cantidades puede haber en el agua natural para que ésta sea potable. Así, para el plomo, se admite un valor máximo de 0,01 mg/l, que equivale a tan solo 1 gramo de plomo por cada 100.000 litros de agua: una cantidad pequeñísima.

Si usamos agua de fuentes naturales que pasan por un terreno minero de mineral de plomo ¿podría estar contaminada con plomo?¿No se podría alcanzar enseguida la dosis máxima de tan solo esos 0,01 mg/l?

Las propiedades fisicoquímicas de los minerales de plomo

La cantidad de plomo que puede contener un agua natural depende de la solubilidad intrínseca del mineral de plomo de que se trate. Si la solubilidad es alta, el plomo alcanzará niveles altos en el agua y la convertirá en tóxica, y si la solubilidad es baja, el plomo alcanzará niveles muy bajos y el agua resultante no tendrá toxicidad.

El mineral de plomo de las minas de Benínar, Turón y Berja es la galena o sulfuro de plomo. Consultando una tabla de productos de solubilidad (que es un concepto propio de los químicos), y haciendo los cálculos pertinentes para pasar a solubilidad en mg/l, se encuentra que es del orden de 0,0000000048 mg/l.

En conclusión

Es decir, la solubilidad de la galena es tan baja que es imposible alcanzar el valor paramétrico admitido de 0,01 mg/l.

El agua potable y de riego de la zona minera de la Sierra de Gádor y poblaciones colindantes no es peligrosa para la salud, ya que el contenido de plomo debido a la minería siempre será muy bajo.

En cambio, el plomo metálico que puede formar parte de las soldaduras de viejos alambiques, o el de las tuberías antiguas o el esparcido por las armas de caza, puede ser modificado químicamente en sales mucho más solubles que la galena y llegar a nuestro organismo. En este caso, el plomo podría ser peligroso… Pero eso es otra historia.

En esta segunda parte de un artículo anterior, vamos a responder a la siguiente pregunta: ¿Los antiguos mineros de Benínar, o los metalúrgicos, pudieron contraer la enfermedad?

Casi con toda seguridad, sí. Más probable los que fundían el plomo que los que extraían el mineral de la tierra. Nos referimos por supuesto a la minería del siglo XIX, porque en el siglo XX, estas actividades estaban mucho más cuidadas y la seguridad era mayor.

Por ejemplo, en la fábrica de Adra, existía y se conserva actualmente como una construcción emblemática, la Torre de los Perdigones. En lo alto de la torre, los operarios fundían plomo y lo dejaban caer derretido en forma de lluvia desde lo alto por el interior. El plomo fundido, como tiene una tensión superficial muy alta, tiende a formar gotas perfectamente esféricas. Conforme caían, se enfriaban (para eso ayudaban las corrientes de aire de las ventanas laterales) y caían sólidas formando los perdigones.

En otros tiempos, donde no se cuidaba la salud y seguridad de las personas, los que fabricaban los perdigones aspiraban los vapores del plomo hirviendo.

Los que trabajaban en la mina sufrían además los efectos de la silicosis -por el polvo-, combinados con un mayor o menor grado de plumbosis o saturnismo, según la exposición. No tengo datos de la zona de Benínar, pero se sabe por otras zonas mineras cercanas que en el siglo XIX cuando aumentaba la actividad minera del plomo, se incrementaban las muertes descritas por síntomas relacionados con el saturnismo, como cólicos, peritonitis o “reblandecimiento del cerebro”.

Así, por ejemplo, en la página http://www.lacimbra.com/minasbedar/pocho.htm sobre las Mínas de Bédar (Almería) se dice lo siguiente:

“Otro aspecto más difícil de abordar es el impacto que pudo tener específicamente la minería de plomo. Es conocida la toxicidad de este mineral y el riesgo que existe, especialmente en la industria metalúrgica, debido a la presencia de vapores de plomo. Como ya hemos comentado anteriormente, en el Pinar existía una Fundición de Plomo. Entonces, ¿podríamos saber qué incidencia tuvo en la población de Bédar la toxicidad por el plomo?

Lo primero es conocer, a grandes rasgos, qué patología produce este mineral. El síntoma más característico es lo que se conoce como el cólico saturnino (brotes agudos de dolor abdominal con vómitos pero sin diarrea, llamado también cólico seco). Muchas veces se ha confundido con obstrucciones de íleo y otras patologías, llegándose incluso a la intervención quirúrgica por confundirlo con peritonitis. También provoca una característica pigmentación grisácea de las encías (sobretodo la superior) llamada el Ribete de Burton. Otro aspecto de la intoxicación por plomo es que puede provocar parálisis del nervio radial del brazo (también puede afectar otros nervios con menos frecuencia). Esta parálisis causa dificultad para levantar los dedos tercero y cuarto de las manos, con pérdida de fuerza. Además de estos aspectos, que serían los más importantes, la intoxicación por plomo también puede producir anemia, insuficiencia renal (con riesgo de hipertensión arterial) y lesiones en el cerebro (Gran encefalopatía de Duvoir, que produce pérdida de conciencia y convulsiones, aunque hay otra forma más leve llamada Pequeña encefalopatía de Duvoir).

Respecto a estos síntomas podemos observar en los datos aportados por Francisco Miguel Guerrero, en su libro citado anteriormente, una serie de causas de muerte sospechosas de haber sido causadas por intoxicación por plomo:

En el periodo 1850-1919 hubo un aumento de muertes por cólico que es especialmente interesante. Se pasó de tan sólo cuatro muertes en el periodo desde 1840 a 1879, a dieciocho contabilizadas entre 1880 y 1899, y únicamente una defunción por cólico desde 1900 a 1929. La dificultad reside en lo poco específico del término “cólico”, pues no sólo se pueden referir a dolores abdominales, sino también a vómitos y otro tipo de dolores.

Un dato más inequívoco es el de muertes por “peritonitis” (inflamación del peritoneo) con el que se podría confundir un cólico saturnino. Se observa un claro aumento de casos de peritonitis: ningún caso entre los años 1840 y 1859, cuatro entre los años 1860-1869, quince casos entre 1890 y 1909, y once entre los años 1910-1920. Aumentó también lo que llaman “reblandecimiento cerebral” (43 casos entre 1880 y 1929), aunque no sabemos tampoco a qué se refieren exactamente con este término.

Como ocurre con la silicosis, los datos expuestos se refieren a mortalidad. Desconocemos los datos sobre morbilidad (mucho más frecuente), por lo que cualquier valoración sobre este tema siempre estará incompleta. Sin duda otros factores actuaron en el incremento de la mortalidad de estos tipos de patología, el aumento poblacional experimentado en la zona entre 1890-1910 junto al hacinamiento que comporta y la mala calidad de las aguas hizo aumentar enfermedades como la gastroenteritis y el tifus paralelamente a las de peritonitis y cólicos. Otro punto importante es que, la patología por intoxicación por plomo se vería más reflejada en los datos de morbilidad porque aunque hay formas de saturnismo agudo, sobretodo por inhalación de vapores, la exposición provoca un saturnismo crónico en el que se producen crisis de abdomen agudo (cólico saturnino) en los afectados.

En todo caso, en esa época no habría sido uno de las principales causas de mortalidad ni de morbilidad, pero sí un importante riesgo para la salud de los trabajadores que no es tan evidente como el provocado por la silicosis.”

En otro artículo específico, hablaré del efecto medioambiental y para la salud de los gases que salían por las viejas chimeneas de la fundición del plomo.

La enfermedad profesional en la minería más conocida es la silicosis. Consiste en daños irreversibles en los pulmones causados por respirar polvo de sílice microcristalina. Pero hay otra enfermedad profesional específica de la minería y la metalurgia del plomo menos conocida por la gente en general pero de una gravedad extrema: la plumbosis o saturnismo. El enfermo de plumbosis se vuelve loco y agresivo antes de morir. En esta primera parte vamos a conocer qué es saturnismo y cuáles son sus consecuencias físicas. En la segunda parte, de próxima publicación responderemos a la pregunta: ¿Pudieron los antiguos mineros de Benínar, o los metalúrgicos del plomo de Adra, sufrir esta grave enfermedad?


Ya los antiguos alquimistas asociaban el planeta Saturno, con el Dios romano Saturno y con el plomo. Veamos el sentido del por qué.

Según la mitología romana, Saturno era un importante dios de la agricultura y de la cosecha. Estupendo. Era hermano, además, del Dios Titán del cual tuvo el favor de reinar en su lugar, pero con la condición de que Saturno no podía tener descendencia. Saturno se casó con la Diosa Cibeles -esa que va en carro en la plaza del mismo nombre de Madrid-, con la que tuvo hijos. Y aquí empezó el problema. Cada hijo que nacía, Saturno se lo pedía a Cibeles y como enloquecido, lo mataba devorándolo. La imagen de la izquierda es un famoso cuadro de Goya que se titula “Saturno devorando a su hijo”. Cibeles tan solo pudo salvar uno de sus hijos de su enloquecido esposo para que no lo devorase. Ese hijo fue Júpiter, que de adulto derrocó a su padre Saturno y lo expulsó del Olimpo.

Los antiguos alquimistas asociaban los dioses griegos con planetas, y a su vez con la sustancia o material con el que creían estaban constituidos fundamentalemente esos planetas y que le daban personalidad. Por ejemplo, el Dios Marte, estaba representado por el planeta Marte, de color rojo, hecho de mineral de hierro (que es rojo), con el cual se hacían las espadas con las que guerrear. Por ello, Marte es el dios de la guerra.

Igualmente, el Dios Saturno se asociaba con el planeta Saturno y este a su vez con el plomo ¿Por qué? Porque ya en aquellos tiempos se sabía que el plomo producía un envenenamiento que provocaba la enajenación y la violencia, tal como le ocurría al Dios Saturno, que loco, se comía vivos a sus hijos recién nacidos.

El envenenamiento con plomo se llama, por ello, saturnismo, por el Dios Saturno y por los síntomas que produce.

Síntomas del saturnismo

Que nadie se asuste con lo que lea a continuación, ni se preocupe, porque hoy día es prácticamente imposible que nadie enferme de saturnismo.

El saturnismo afecta a las capacidades físicas e intelectuales del afectado. En los niños los daños pueden ser más graves porque se afecta el aprendizaje, lo cual puede ser irreversible. El metal se acumula en los huesos lentamente, impidiendo el crecimiento y deteriorando el cerebro. En niveles muy altos puede causar ataques epilépticos, estado de coma e incluso la muerte. Los síntomas que pueden presentarse como resultado del envenenamiento por plomo, además de la reducción de las facultades mentales (hecho no siempre notable), son dolor de cabeza, náuseas, cólicos, hiperirritabilidad, anemia, sordera, pérdida del apetito y debilitamiento general.

¿Dónde hay plomo?

Hoy día casi en ningún sitio, al menos en contacto directo con las personas. Pero hasta hace muy poco, pero que muy poco, en casi todos los sitios. Algunos ejemplos:

  • La gasolina de los coches tenían un aditivo a base de tetrametil plomo y/o tetraetil plomo (y derivados similares) que servía para regular el grado de explosividad de la gasolina. Por los tubos de escape se expulsaban grandes cantidades de plomo al aire que todos respirabamos.
  • Las tuberías eran de plomo, y/o se soldaban con plomo. Las aleaciones de plomo y estaño se han usado como soldadura casi universal para unir metales.
  • También en las latas de conserva estañadas (estaño más plomo). Hoy día no son así.
  • Las pinturas antiguas contenían sales de plomo (como el albayalde, que es de color blanco). Nos referimos a las pinturas de los pintores artistas y de los de “brocha gorda”
  • En ciertas aguas y alimentos contaminados.
  • En las baterías de los coches.
  • Los perdigones de los cartuchos de armas de fuego para la caza son de plomo.

Por las restricciones reglamentarias que se van imponiendo, el contacto con el plomo es cada vez menor. Ya no se usa en la gasolina (la fuente principal), ni en las latas de conserva, ni en las tuberías, ni en las pinturas, ni en las aguas de bebida o alimentos, que están muy controlados. En cambio, el humo del tabaco contiene cierta cantidad de plomo (atención fumadores), aunque afortunadamente las baterías se reciclan para hacer más baterías, por lo que la cantidad de plomo que llega al ambiente es cada vez menor.

En el caso de los perdigones de caza, la cuestión no está resuelta. En España, las cacerías reparten por nuestros campos más de 6.000 toneladas de plomo al año en forma de perdigones. Muchas aves picotean los perdigones y se estima que anualmente mueren más 50.000 por envenenamiento.

Para más información se pueden consultar, por ejemplo, los siguientes enlaces: Agencia para el Registro de Enfermedades y Substancias Tóxicas de Estados Unidos, ATSDR (está en español); y “Plomo, contaminación por disparos de la caza” publicado en Waste.ideal.es

La idea de este artículo proviene de un artículo anterior de Paco Maldonado. La segunda parte se publicará próximamente y versará sobre si sufrieron o no esta enfermedad los antiguos mineros de Benínar.

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